Moriste hoy

Las heridas familiares. Qué molestas son. Qué indescifrable se me hace la muerte. La despedida. No se irán con los parientes los dolores que acumula el alma.
Cuántas tristezas de la señora tía que hoy se va lejos. Estará contenta? Yo creo que sí.
Tu muerte es la aguja en el reloj de un clan que desaparece y se desintegra con los que están.
Esa voz tuya la oigo también en el tono de mi madre. A veces tan indiscreta y molesta.

Ah, tía tanto sufrir, tanto aguantar, tanta muerte te dio la vida. Si hoy te mueres, yo entiendo que te vayas en paz y quiero que descanses por siempre.

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No quiero irmr al cielo

Hola bipolares de Chile y el mundo cómo han estado yo me he sentido un poco loca como la canción de Alex Andwanter.

Oh mamá me quiero matar

Soy a veces una centrifugadora de emociones y de ideas. Las estrujo hasta dejarlas secas hasta que no quede una gota de sensación jugosa. Soy maniática depresiva.

Mi dolor va escondido en el cuerpo y ya no quiero eso, porque luego me siento apática y mi carácter se endurece más y más.

Mi temor a que me vean débil. A veces me quiero desvanecer, ser un polvo brillante que vuela en el tiempo. Antes, cuando me criaron católica pensaba: no quiero irme al cielo ¿qué voy a ser tanto rato sobre las nubes? ¿qué voy a hacer andando como tribu tomada de la mano con mis muertos todo el tiempo?, por siempre, sin acabar. No puede ser así de eterna la paz. Y por eso no quisiera irme al cielo. Necesito desestabilizarme para saber sentirme.

Sin echarle la culpa a la bipolaridad

Quisiera ser un arrojo airoso de polvo azul brillante. Desvaneciéndome hermosamente ¿Ves? Yo no puedo ser eterna ni siempre la misma. Pero estos estados eufóricos y deprimidos me hacen sentir que serán para siempre.

Y debo andar por el mundo esforzándome para que nadie lo sepa. Ni mi familia ni mis amigues ni mi jefe. Porque llevo oculto el dolor aunque en el rostro igual se nota. Hoy mi frialdad con la gente empieza a derretirse, el hielo se desprende de la piel. Me muestro como soy. Duele, pero ya no tanto como cuando rabiaba por esa sensibilidad extrema.

Pero hoy he sido fuerte con todos mis dolores juntos. Mi miedo a fracasar se esfuma como ese polvo ingenuo y soy yo, bipolar sin que la persona del frente lo sepa, hablando de quién soy, qué quiero y puedo en esta vida.

No sé en la eternidad

Hoy he arrojado toda mi ilusión sufriente por el ventanal, Porque ser bipolar no es la excusa de mi eterno estado de sordera y ceguera ante el mundo, negándome a la crítica. Intensa e ida. Mi perdición.p

Me asumo completamente persona

Y si tengo que ser sensible, lo soy

Y si tengo que ser maniaca y depresiva un tiempo, lo soy

Ya sé que se pasa

Y ahora esfuérzate por ser feliz

Creo que soy un poco loca

Tarzán que descanses en paz

Falleció alguien que me gustó alguna ve. Un hombre alto, trigueño. Fornido. Le decía Tarzán por eso, y por su pelo medio salvaje.

Le llamaba Tarzán en secreto. Nunca pude decirselo al oído o riéndome, porque él no sabía esto que les estoy contando. Alguna vez salimos. Pero por trabajo.

Yo era memorista y él alguien que ya llevaba mucho tiempo.

Tarzán llamaba mi atención y solo mis amigas de esa época lo sabían. Seguro que él también.

Leí un comentario en Facebook de alguien que lo despedía por su sencillez, sonrisa y mirada. Creo que eso era lo que más atraía de él.

No tenía planeado ser bipolar, por eso tengo que contarlo

Me preguntaron si acaso escribir o hablar de bipolatidad es útil, por qué hacerlo.

A continuación cito mi respuesta. Luego, díganme ustedes qué piensan.
Sirve para descaricaturizarlo y quitar presión social a la gente con bipolaridad. He leído en entrevistas a especialistas que vari@s dejan el tratamiento por el propio sesgo, el prejuicio. Además es dable que suceda esto, como cualquier condición de salud que te limite y sea de por vida.

Tú no tenías planeado ser bipolar, que de pronto tu energía cambie, no lo crees ‘normal’ y si ya lo admites, te parece injusto…pero rebelarse es perderse más.

Eso por un lado, y por el otro sirve hablar para posicionar el tema y acercarlo con naturalidad a la gente y a las familias. Las “enfermedades mentales” son un tabú y esto te aparta, silencia la realidad. Mi tío era bipolar y se mató, nadie lo entendía por su actuar, estoy segura que está lleno de esas historias.

No hay red socioemocional de apoyo, tienes que hacértela. Y sí, es cierto que puedes caer en la locura si no te tratas, porque no aguantas el desgaste mental ni físico. Pero la bipolaridad es compatible con la vida. Hablar el tema desde este enfoque es lograr identificación constructiva.

Frases entre fases

Son largas las horas en el trabajo

Tengo que dejar atrás las ideas radicales sobre mí
Mi posición corporal decae cuando amanezco ansiosa y depresiva.
Hay que dormir bien, sin apretar las manos ni los dientes.
Tener paciencia y prudencia.
Aceptar la bipolaridad.
Quiero más, siempre quiero más
Estar quieta me inquieta
La no figuración de mis capacidades me molesta
Tomar mi vida para ser lo que soy
No quiero estar como otros años escribiendo, escribiendo y escribiendo sin abrirme a la vida.
Adentro tengo guardado algo que estoy descubriendo cómo entregar.

Morbo bipo

Hay un cierto morbo con la bipolaridad, tanto desde quien la padece como de la sociedad, por supuesto, plagada de prejuicios. En un principio, ser bipolar me hizo sentir diferente, curiosa, asustada, desafiante. Un montón de sensaciones permeadas por la cultura y la idea de que “tener una enfermedad mental es ser un persona que no sirve a la sociedad”.

Entonces, me sentía una enferma mental demasiado sana y eso en sí era llamativo. Podía trabajar, razonar, amar, comer, ir al supermercado y toda la gente que me conocía veía eso, entonces cuando les confesaba que era bipolar quedaban boquiabierta y yo me sentía bien, en el sentido de: “sí soy una persona muy excéntrica y normal”.

Paciente psiquiátrica

La verdad es que lo pasé muy mal con esa angustia en el pecho. Mi resistencia a tomar remedios empeoraba el malestar. Aunque tratara de estar bien, poner todo mi positivismo y esfuerzo había algo superior a mis ganas. A veces lograba acallar la angustia y encontrar calma, disimulando la pesadumbre entre las labores de la rutina. Yo trataba de estar bien, de verme saludable pero en la noche afloraban esas emociones depresivas que evitaba sentir en el día.

Tenía pesadillas horribles que me paraban los pelos y me hacían estar semiconsciente, porque tenía mucho miedo de perder la noción de la realidad ¿Tan mal estaba? En los sueños me veía llorando después de que alguien me torturara. Sufría y sentía una pérdida muy dolorosa de mi humanidad. Era casi como una revelación a la realidad que me decía “es mejor que te mueras”.

Entonces, el llano explosivo era inevitable y mi cabeza no entendía qué me pasaba. Intentaba buscar explicaciones en mi vida cotidiana, en mi relación de pareja, en mi vocación ¿Acaso estaba haciendo algo malo, yendo hacia el camino incorrecto que mi alma sufría de este modo?

Estaba frustrada, dolorosa. Harta.

Por suerte no soy tan terca y me di cuenta que sé elegir mis batallas. Me estaba sintiendo literalmente como el hoyo, me estaba hundiendo, la angustia estaba tomando forma, llorando sin razón a la vista de todos, mi comportamiento era errático. La brújula estaba enloquecida y ya no se podía disimular más, Chilena bipolar.

Decidí que tenía que pelear con la resistencia a tomar pastillas, pelear con mi ego, con el prejuicio propio, tenía que estabilizarme ¿hace cuántos meses, años, no estás estable? Yo ni cagando me quería morir ni tirarme del balcón de mi casa, como lo visualizaba espontáneamente mi cabeza.

Así que entre el prejuicio de ser una “paciente psiquiátrica” y tener una pésima calidad de vida, yo elegía dar la batalla 1 y eso significaba aceptar mi tratamiento. Entonces,llegué un día donde la doctora y le dije “no puedo más”.

-Tienes que tomarte los remedios.